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Elías Luis Caluch, mi padre
El 20 de enero de 2001 pude lograr lo que nadie: convertí al cofundador de Caluch Viajes –mi papá– en el hombre más feliz del universo cuando supo que sería abuelo.
Cuando papá tenía 13 años, su padre se mudó de Pergamino a Avellaneda. Desde esa edad, papá trabajó como cadete en la Casa Beige, en Gath y Chaves y en Coppa y Chego. Más tarde fue vendedor de repuestos en una agencia Chevrolet (Cepita y Vélez Sársfield) y en un comercio grande de automotores que estaba en Entre Ríos y San Juan, en plena Capital Federal.
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| De izquierda a derecha: mi tío
José, mamá María, mi primo José Luis y papá Elías |
Como los tiempos eran difíciles, era mejor ahorrarse el níquel del tranvía y andar en bicicleta. Un 7 de mayo, cuando papá tenía 19 años, tuvo un accidente por Constitución cuando iba pedaleando al negocio donde trabajaba mi tío José. Desde ese momento, a papá se lo conoció como "el rengo
Elías". Pero dicha deficiencia jamás le impidió el seguir bailando y
posteriormente el conducir automotores.
Con el paso del tiempo, a mi tío le fue ofrecido comprar un vehículo de transporte urbano de pasajeros en la ciudad de Pergamino. Esto le dió la oportunidad a papá de regresar al lugar de nacimiento porque podría despuntar su pasión: el manejo. Ese fue el comienzo de la carrera de transportistas de mi papá y mi tío: allí, hace más de 40 años, comienza la historia de
Caluch Viajes.
Fueron renovadores del transporte de pasajeros en Pergamino. Ingresaron a la línea "de los azules" (porque más que por número se conocían por sus colores) cuando para ir de un punto al otro de la ciudad había que dar vueltas por toda ella. Le dieron una tónica distinta. Abrieron dos recorridos nuevos y modificaron el color de las unidades. La reinauguraron un 9 de julio transportando gratis a todo el mundo, dando así la oportunidad de que todos los vecinos conocieran los nuevos recorridos. Eso permitió que duplicaran la recaudación a partir del 10.
Con el correr del tiempo y los kilómetros se extendieron hasta Acevedo (otra localidad vecina a Pergamino) e incluso trabajaron para Somisa llevando y trayendo personal en cuatro viajes diarios. Y por las noches, llevaban orquestas a fiestas y bailes, como ser las de Pedro Grilli, Humberto de los Reyes, la orquesta Pernambuco y René Torre.
Eran tiempos de tomar decisiones para poder crecer.
Entonces, ambos hermanos optaron por dedicarse al turismo. Y antes de tener todo
legalizado y estar en condiciones de operar conforme a las normas, hacían viajes
casi familiares a la Capilla de la Difunta Correa, a la ciudad de Mendoza, a
Córdoba, a Mar del Plata, etcétera, con gente del barrio, parientes y amigos.
Estaba entendido que si había hotel y precios acordes con lo que la gente podía
pagar, dormirían en cama y sino se arreglarían arriba del ómnibus, aunque por
suerte siempre encontraban el hotel adecuado. ¿Alguna vez ha soñado con hacer
algo, sin haber llegado a reunir nunca el valor necesario para intentarlo? Pues
bien, papá y mi tío tuvieron el valor para llevar a cabo la empresa y
capacidad para soportar la incertidumbre.
Desde entonces, el nombre de la ciudad donde nació papá, Pergamino, ha estado presente
en toda la República y en los países vecinos.
Hace 17 años que estoy trabajando en turismo, y si bien desde que nací me encuentro dentro de este mundo en el que siento como muy habituales los olores a aceite y grasa de taller, a combustible, a asados hechos por los mecánicos y
chóferes, soy una profesional del turismo y del transporte por vocación y por pasión por lo que hago.
Tengo la sensación de que no sólo me arrullaba mamá sino que además me acunó el sonido del motor de un ómnibus y su movimiento. Y no faltó mi nombre en una de las unidades, en una de mis "cunas".
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| Ésta es la última unidad que se
incorporó a la flota. |
Como cada circuito que en la actualidad vendo lo descubrió, lo imaginó y luego hizo realidad mi padre y –según la ocasión– en compañía de uno de mis primos, me corre una rara mezcla de familiaridad con la alegría que eso genera y la melancolía de la certeza de que nunca más se repetirá.
El orgullo que genera saber que cuando nadie advertía de la riqueza de Talampaya él la vivió y lo trasmitió; cuando nadie había hablado de Caleta Valdés, él nos hizo bajar del ómnibus para ver lo imponente del mar y su fauna marina; lo que significó cruzar sin frenos la Cuesta de Miranda, lo mismo que cada aplauso que él recibía al girar en una curva peligrosa, casi con una rueda afuera de las rutas serpenteantes del NOA; como así también recordar que para cada circuito ponía la música acorde haciéndonos sentir el lugar que veíamos; ese orgullo nadie me lo podrá arrebatar jamás...
No puedo dejar de recordar también el famoso micrófono, donde el mismo era un vínculo más entre la gente ya que nadie podía sentirse excluído en cada excursión:
todos pertenecían a una gran familia y la alegría era protagonista de las vidas de los pasajeros mientras el viaje duraba.
Todo esto me hace sentir una privilegiada: es mi papá
quien nos hizo el tarifario que hoy nos sirve de elemento de trabajo, porque son
sus itinerarios los que ponemos a consideración de nuestros clientes con éxito.
Pensar, creer, soñar, arriesgar: son los verbos que aprendí de papá, porque
tanto se piense que se podrá como que no se podrá, se estará en lo cierto;
porque lo que vemos, somos y obtenemos depende de lo que creemos.
Siempre decía que la salud no depende sólo del descanso, sino también de la
satisfacción, la gratificación personal, el hecho de relacionarse
productivamente con los demás, la aceptación, la autoestima y los objetivos de
la vida. Y terminaba enfatizando que el turismo es la gran ayuda a la salud.
Tuvimos muchas diferencias pero dos grandes coincidencias: el
gusto por viajar y la música.
Dije al comienzo que el 20 de enero de 2001 pude
lograr lo que nadie: convertí al cofundador de Caluch Viajes –mi papá–
en el hombre más feliz del universo cuando supo que sería abuelo. Pero
también logré que se sintiera el más triste de la tierra: sabía que no
podría conocerlo.
Sus sueños de comprar un vehículo con más asientos "porque la familia se
agrandaba", de cantarle las canciones que su padre cantaba, de poder
enseñarle el mundo que tantas veces recorrió, de contarle a toda persona
que sería abuelo, de enseñarle a manejar, de tenerlo en brazos, fueron
sólo eso: sueños. La persona que se ilusionaba con cumplir los sueños
ajenos sabía que su salud no lo estaba acompañando.
El 8 de marzo del año pasado, colocó su mano sobre mi
incipiente panza para poder quedarse dormido. Era su último cariño a su
nieto y también su despedida...
Papá: voy a tratar de cumplir con uno de tus anhelos, voy a mostrar a
todo el mundo tu nieta, como un homenaje al cumplirse un año en que ya
no puedo oír tu voz del otro lado del teléfono, ni verte manejar tu auto,
ni acompañarte a los bailes, ni cocinarte la comida que te hacía mi
abuela, ni pelearnos, ni escuchar de tu boca que tu mayor error fue
retirarte de la empresa que fundaste. Es por eso que en la Internet he
puesto fotografías de tu nieta (y si, no era un nieto como pensabas)
para que puedas mostrarla en todos los lugares donde estuviste. Para
ello, sólo hay que ir a la dirección que se encuentra abajo.
Que disfrutes mostrando a tu nieta, Giuliana María. Es para vos, Papá.
© 2002 Marta Caluch. Todos los derechos reservados. Para una versión que permita ser impresa, hacer click aquí.
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